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nov. 2, 2026
5 min de lectura

El herpes zóster puede aparecer años después de haber tenido varicela y causar dolor, sensibilidad y lesiones en la piel. Reconocer sus primeros síntomas, consultar oportunamente y conocer las medidas de prevención puede ayudar a reducir sus complicaciones.
El herpes zóster, también conocido como culebrilla, es una enfermedad causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela.
Después de superar la varicela, el virus permanece inactivo en el sistema nervioso. Años más tarde puede reactivarse y avanzar por un nervio hasta la piel, generando dolor y una erupción localizada.
El riesgo aumenta con la edad y cuando las defensas están debilitadas por una enfermedad o un tratamiento. Sin embargo, también puede presentarse en personas más jóvenes.
Una persona que tuvo varicela conserva el virus en su organismo, aunque se haya recuperado completamente. Si este se reactiva posteriormente, aparece el herpes zóster.
Esto significa que la enfermedad no corresponde a una nueva infección adquirida desde otra persona, sino a la reactivación de un virus que ya estaba presente en el cuerpo.
El herpes zóster como tal no se transmite entre personas. Sin embargo, alguien con un brote activo puede transmitir el virus varicela-zóster a quien nunca ha tenido varicela ni ha recibido su vacuna.
En ese caso, la persona expuesta podría desarrollar varicela, no herpes zóster, y su contagio puede producirse, principalmente, al entrar en contacto directo con el líquido de las ampollas. Aunque también es posible adquirirlo por inhalación de partículas virales, provenientes de las lesiones.
Entonces, las personas susceptibles, que se infectan, pueden desarrollar varicela, no herpes zóster.
Existe riesgo de transmitir el virus desde que aparecen las ampollas hasta que todas las lesiones se han secado y convertido en costras.
Durante ese periodo se recomienda:
Mantener las lesiones limpias y cubiertas
Evitar tocarlas o rascarse
Lavarse las manos con frecuencia
No compartir toallas ni artículos personales
Evitar el contacto con recién nacidos
Mantener distancia de personas embarazadas que no hayan tenido varicela
Evitar el contacto con personas que tengan las defensas debilitadas
Aunque sus nombres se parecen, son infecciones provocadas por virus diferentes:
El herpes simple suele causar lesiones recurrentes alrededor de la boca o en la zona genital
El herpes zóster es provocado por la reactivación del virus de la varicela
El herpes simple puede reaparecer varias veces en una zona similar
El herpes zóster suele formar una franja de ampollas dolorosas en un solo lado del rostro o del cuerpo
La ubicación de las lesiones puede orientar el diagnóstico, pero la confirmación debe realizarla un profesional de salud

El signo más característico es una erupción con ampollas que aparece en una zona delimitada y generalmente en un solo lado del cuerpo. Con frecuencia afecta el torso, aunque también puede presentarse en el rostro, el cuello u otras áreas.
Los síntomas pueden incluir:
Dolor, ardor o sensación de pinchazos
Hormigueo o picazón
Sensibilidad al contacto
Manchas rojizas seguidas de ampollas
Dolor de cabeza
Fiebre o escalofríos
Cansancio o malestar general
El dolor puede comenzar antes de que aparezcan las lesiones, lo que dificulta reconocer la enfermedad durante sus primeras etapas.
Durante los primeros días puede sentirse ardor, picazón, hormigueo o dolor en una zona específica. La piel también puede volverse muy sensible, incluso frente al roce de la ropa.
Como todavía no existe una erupción, estas molestias pueden confundirse con dolores musculares o nerviosos. La posterior aparición de ampollas agrupadas en la misma zona suele orientar hacia el herpes zóster.
Se debe buscar atención médica urgente si aparecen lesiones en la frente, los párpados o la nariz, especialmente si se acompañan de dolor ocular o alteraciones visuales. También requieren evaluación urgente la debilidad facial, las alteraciones auditivas y la aparición de lesiones extensas, particularmente en personas inmunocomprometidas.
Recuerda poner atención a estos síntomas:
La erupción, que se extiende por varias zonas
Aparición de alteraciones de la visión o la audición
Debilidad en alguna parte del rostro
Fiebre alta o deterioro general
Si la persona tiene las defensas debilitadas
Si hay lesiones, que presentan secreción o enrojecimiento creciente
Según Clínica Alemana, un diagnóstico precoz permite iniciar el tratamiento farmacológico oportuno, ya que cuando se consulta tarde, el paciente afectado puede sentir dolor intenso y mucha sensibilidad por períodos extensos de hasta seis meses.
La duración puede variar. Las ampollas suelen formar costras después de varios días y la erupción puede desaparecer en aproximadamente dos a cuatro semanas.
El dolor y la sensibilidad generalmente disminuyen a medida que sana la piel. Sin embargo, algunas personas continúan sintiendo molestias después de que desaparecen las lesiones.
Durante la recuperación es importante seguir las indicaciones médicas y evitar rascarse, ya que esto puede dañar la piel y favorecer una infección.
La mayoría de las personas se recupera sin consecuencias permanentes, pero el herpes zóster puede causar complicaciones. El riesgo aumenta con la edad, la intensidad del brote y la presencia de enfermedades que debilitan las defensas.
Entre las posibles complicaciones se encuentran:
Dolor nervioso prolongado
Infección de las lesiones
Cicatrices o cambios en la piel
Compromiso de la visión
Alteraciones de la audición o el equilibrio
Debilidad de los músculos del rostro
Un brote más extenso en personas inmunocomprometidas
La neuralgia postherpética es una de las complicaciones más frecuentes del herpes zóster. Consiste en un dolor persistente en la zona afectada, que generalmente se define cuando continúa por más de 90 días desde la aparición de la erupción.
La neuralgia postherpética puede prolongarse durante meses o, incluso, años, y es más frecuente en personas mayores.
Cuando el herpes zóster aparece cerca del ojo, puede afectar estructuras oculares y comprometer la visión. Si involucra el oído o determinados nervios del rostro, puede producir dolor, mareos, alteraciones auditivas o debilidad facial.
Las lesiones también pueden infectarse. El aumento del dolor, el enrojecimiento, el calor local o la presencia de secreción son motivos para consultar.
El tratamiento puede incluir medicamentos antivirales, que ayudan a reducir la duración y la gravedad del brote. Su efectividad es mayor cuando se administran durante las primeras 72 horas desde la aparición de las lesiones. Sin embargo, en determinadas situaciones también pueden indicarse después de ese plazo, por lo que es importante consultar oportunamente.
No apliques cremas ni tomes antibióticos o antivirales por cuenta propia. Algunos productos pueden irritar las lesiones y no todos los medicamentos sirven para tratar esta infección.
La principal medida disponible para prevenir el herpes zóster y disminuir el riesgo de complicaciones es la vacunación.
Si una persona presenta un brote, cubrir las lesiones, mantener una higiene adecuada y evitar el contacto con grupos de riesgo ayuda a prevenir la transmisión del virus de la varicela.
También es recomendable mantener los controles médicos al día, especialmente cuando existen enfermedades o tratamientos que puedan debilitar el sistema inmunitario.
En Chile, la vacuna contra el herpes zóster se encuentra disponible como una vacuna complementaria, es decir, fuera de las campañas gratuitas del Programa Nacional de Inmunizaciones.
La vacuna puede administrarse a personas mayores de 50 años y a mayores de 18 años con un riesgo elevado de presentar herpes zóster debido a una condición de inmunosupresión. El esquema contempla dos aplicaciones y requiere orden médica.
También puede evaluarse en personas que ya tuvieron un episodio de herpes zóster. La indicación debe confirmarse con un médico, quien considerará la edad, los antecedentes de salud, los tratamientos utilizados y el momento apropiado para administrarla.
El dolor, el hormigueo y la aparición de ampollas en un solo lado del cuerpo son señales que requieren atención. Consultar durante los primeros días permite confirmar el diagnóstico, iniciar el tratamiento indicado y evaluar el riesgo de complicaciones.
En Isapre Esencial queremos entregarte información que te ayude a tomar decisiones oportunas sobre tu salud. Si tuviste varicela, presentas factores de riesgo o quieres saber si puedes recibir la vacuna, conversa con tu médico y revisa las coberturas de consultas y prestaciones incluidas en tu plan.
Reconocer los síntomas, evitar la automedicación y consultar a tiempo puede marcar una diferencia en la evolución del herpes zóster.
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